Soliloquio

Tong... tong... tong...
Escucho el palpitar de mi corazón, es un sonido tan estruendoso, que siento
reventar mis oídos, mi pecho parece partirse en dos como un árbol partido por un rayo.
¿Que será, me preocupa?
Abro los ojos, a un es de noche, la luna esta en lo alto, el sonido de los grillos son como pequeños taladros para mis oídos.
¿Que me pasa?
Me levanto, voy al comedor, cojo una taza, la lleno de agua; la bebo sentado a lado de la mesa, mi silueta se distingue entre sombras, alargada, distorsionada por la realidad de la madrugada.
Los perros ladran, como si echaran blasfemias a quienes los botaron, como si se quejaran de su creador; los gatos nos igualan en la ferocidad de nuestras peleas por mujeres, o simplemente por marcar territorios olvidados por las mareas lunares. Y aun así el palpitar tiene auge para rato.
Un chiflón entra por la ventana entre abierta sacudiendo las cortinas, iniciando una danza paulatina y seductora, pero solo es un viento con susurros, ¿que misterios traerá consigo?.
Me lleno de escalofríos, como si la muerte quisiera meterme en medio de sus piernas,
¿Que me pasa?
Camino por la casa, dando pequeños tirones a mi cabello, me consuelo con pequeñas palmadas, mimándome sobre mi soledad nocturna, camino errante sobre mis pasillos de habitación en habitación, como buscando consuelo en las paredes y retratos olvidados.
Ya agotado, regreso a mi alcoba, entro y sobre mi cama hay alguien durmiendo... ¿quien será? Camino hacia el cuerpo extraño, sigiloso, un sudor frio recorre mi frente, las piernas se me doblan, una pequeña luz tenue ilumina su rostro tapado por las sabanas, las muevo sin prisa; no lo puedo creer.

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