LES HEURES TRISTES I (Sesión Primera)

Te subiste al vagón de un tren equivocado, te miré incrédulo y soberbio tras el cristal opaco. Te fuiste tan, tan rápido… (Justo en dirección opuesta, aparentemente al otro extremo del mundo)… que apenas un instante antes de que desaparecieras entre un montón de gente con gabardinas grises, me vi envuelto en la misma situación, un vagón con el destino contrario. Te veías Pulcra, elegante y perennemente bella. Fue ese chispazo de belleza que se estanca y desaparece el que me despabiló, entonces ya habías pasado, sólo quedaba el resol avellana de tus ojos difuminándose en el aire.
Ahora únicamente me quedaba tu recuerdo, sólo tu recuerdo.Aquella espalda suave y delicada, terminada en un cuello blanco fino y dulcísimo que no era más que el preludio a unos labios sin comparaciones, esas tus piernas largas y bien definidas, tus caderas exactas en la talla de mis manos, tu cuerpo diminuto y brillante que ondulaba su albor por la oscuridad de mi cuarto, todo eso; toda aquella mujer acción de mis ensueños; nunca más volvería a estar entre mis paredes.
Te llevaste el calor del invierno, y me aproximaste un pazo más a una primavera de fríos fúnebres y violentos. No sé si acostumbrarme a este ocaso distante de calores, y esperar que las estaciones venideras sean un paso intangible de climas sentimentales o violentamente fraguarme calurosos horizontes vehementes de candor humano. Este paseo por tu recuerdo, me martilla la cabeza y la conciencia, todo lo que te llevaste con tus leves pazos de mariposa limeña, todos los abrazos, conjuros; los fantasmas y los quebrantos flojos que dejaste en el sofá habrán de olvidarse. Todo ese olvido me trae a la memoria apolilladas tristezas e historias arrinconadas en los arboles más grandes y espesos de las sendas del mundo, entre ellas una que tengo clara y apunta insidiosa a darme una respuesta:
Dos monjes zen iban cruzando un río. Se encontraron con una mujer muy joven y hermosa que también quería cruzar, pero tenía miedo.
Así que un monje la subió sobre sus hombros y la llevó hasta la otra orilla.
El otro monje estaba furioso. No dijo nada pero hervía por dentro. Eso estaba prohibido.
Un monje budista no debía tocar una mujer y este monje no sólo la había tocado, sino que la había llevado sobre los hombros.
Recorrieron varias leguas. Cuando llegaron al monasterio, mientras entraban, el monje que estaba enojado se volvió hacia el otro y le dijo: -Tendré que decírselo al maestro.
Tendré que informar acerca de esto. Está prohibido.-¿De que estás hablando?
¿Qué está prohibido? -le dijo el otro.-¿Te has olvidado?
Llevaste a esta hermosa mujer sobre tus hombros -dijo el que estaba enojado.
El otro monje se rió y luego dijo: -Sí, yo la llevé. Pero la dejé en el río, muchas leguas atrás.
Tú todavía la estás cargando...
Es tan difícil cargar el pasado: una tarea ardua y pesada, hay que entender eso y saber dejarlo atrás para poder seguir libres de culpas, esta historia es un punto clave, es un detonante que motiva. Por lo que a mi respecta, el silencio lúgubre que me rodea es apenas soportable por las nuevas ideas que me abordan, hace unos días tu presencia se disolvió ante mis ojos, y viajaste tan rápido, que sólo hay una solución para mí.
Estoy en una estación de la melancolía, en mis manos tengo un voleto amarillo, al verlo sonrió, quizás ella sepa qué significa el color amarillo. Por mi parte tomaré el siguiente tren que me lleve de regreso, lo demás ya no es cosa mía...

3 Comments:
evolucionando, quitando cascaras, como has crecido
Hola Fer :)
Q grato es leert, ya lei varios post tmb de los otros chicos, felicidades lo hacen muy bien. No dejen de escribir.
Son inspirados e inspiradores, transmiten emociones e ideas, incluso...
Tantas cosas q quisiera decir! pro uds saben mjor q nadie q lo hacen bien, se nota q disfrutan escribiendo :D
I hope life treats you kind ;)
Como siempre mi hermano tan elegante con esas palabras, ese toque tan tuyo que siempre te he conocido, solo no dejes que tus palabras sean efimeras o pasajeras, retenlas como si fueran tragos, fumalo y no los dejes desvanecerse como el humo de tus recuerdos. bien hecho hermano.
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