HAY MAÑANAS

Hay mañanas que se me antojan de color rojo, otras de color verde, algunas más de color azul, y otras tantas- tantas de arcoiris
Hay mañanas que se me antojan de mar de brisa, de bosque apiñonado, de desierto de sed; de correr, de saltar, de volar, de reír, de gozar, de llorar, de nostalgia de recuerdos, de caer
Hay mañanas que se me antojan de ti, de piernas cruzadas, de amor de ti, de tus olores y sabores, de amaneceres nocturnos en viaje de dos
Hay mañanas que se me antojan de amigos, de desenfreno, de pláticas infinitas, de ron y canto, con humo, con efectos, sin noche y con la compañía de la luna
Hay mañanas que se me antojan de todos mis sueños, de todas las tardes que se quedan de locuras que se atrasan
Hay mañanas que se me antojan en la mañana, al diseño y con la imaginación del sol, al abrir la dimensión conocida de mis ventanas
Hay mañanas también que se quedan en el recuerdo y prefieren ser doblegadas por las sabanas, mañanas que se alargan para atardecer, para atardecer conmigo y reprocharle al espejo el cotidiano viaje a la vejez.
Y se que pase lo que pase, mientras mi corazón constante por ti lata, mientras mi cuerpecillo vago ande por estas avenidas largas y tan mías, mientras estos ojos alcancen a percibir todas sus sonrisas ligeras pero interminables, aún abra mañanas. De aquí hasta que la muerte me alcance y ya no pueda seguir amándote de cerca, de terrestre; armando risas con ustedes sin llanto y vagando por mi mundo de sueños; de aquí a eso, sé que mis mañanas constantemente aparecerán para darles mi antojo favorito: vivir.
Hay mañanas que se me antojan de mar de brisa, de bosque apiñonado, de desierto de sed; de correr, de saltar, de volar, de reír, de gozar, de llorar, de nostalgia de recuerdos, de caer
Hay mañanas que se me antojan de ti, de piernas cruzadas, de amor de ti, de tus olores y sabores, de amaneceres nocturnos en viaje de dos
Hay mañanas que se me antojan de amigos, de desenfreno, de pláticas infinitas, de ron y canto, con humo, con efectos, sin noche y con la compañía de la luna
Hay mañanas que se me antojan de todos mis sueños, de todas las tardes que se quedan de locuras que se atrasan
Hay mañanas que se me antojan en la mañana, al diseño y con la imaginación del sol, al abrir la dimensión conocida de mis ventanas
Hay mañanas también que se quedan en el recuerdo y prefieren ser doblegadas por las sabanas, mañanas que se alargan para atardecer, para atardecer conmigo y reprocharle al espejo el cotidiano viaje a la vejez.
Y se que pase lo que pase, mientras mi corazón constante por ti lata, mientras mi cuerpecillo vago ande por estas avenidas largas y tan mías, mientras estos ojos alcancen a percibir todas sus sonrisas ligeras pero interminables, aún abra mañanas. De aquí hasta que la muerte me alcance y ya no pueda seguir amándote de cerca, de terrestre; armando risas con ustedes sin llanto y vagando por mi mundo de sueños; de aquí a eso, sé que mis mañanas constantemente aparecerán para darles mi antojo favorito: vivir.

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