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miércoles, junio 24, 2009

Ensayando en la ciudad

Mi regreso es constante, por tantas personas que he conocido; lugar templado para conversar y reconocer a tanta gente con bondad, personas que no podrán hacer olvidar un lu gar a mi corazón.
Ciudad de personas donde todos somos fantasmas armando un vaiven que revuelve el estómago. Puestos ambulantes que ofrecen productos extrangeros, como queriendo eliminar la majestuosa mexicaneidad ya estampada en sus hermosas construcciones con mil toques de mestizismos, pero siempre azteca (guerrera), ciudad nativa de costumbres.
Fumo un cigarro frente a un pu
esto de trova contemporánea, poso aquí, justo frente a Bellas Artes, fumo tratando de que el humo exorcice tu imagen constante, es que siempre te plasmas en su zócalo exacto, mezclando dos culturas que ya son solo una: mexicana. ¡ay qué cultura! en sus calles barrocas llenas de gente que lucha por sobrevivir; en su alameda, con sus miles de organilleros entonando un himno a la tradicionalidad; irreal las estatuas y monumentos se forman en las avenidas a la espera de un nuevo héroe, de un nuevo suceso que haga más larga la fila de leyendas escasas por esta temporada; de un cansado ángel que las solemnidades han provocado a sucumbirlo y la espera de un nuevo temblor que aguarda en las profundidades de un pasado aguado, pantanoso voraz;de una torre Latinoamericana que en su tiempo destruyó el contexto de belleza y que ahora se funde destruyendo el pasado en la modernidad en popa de la lindura, que a fin de cuentas no pueden tocar el cielo, no pueden ser dios, ni redimirnos del derrumbe de la mediocridad que entabla el conformismo; o un Worl Trade Center, que se funciona aburrido de la cultura emprendiendo vanguardia; o sus miles de abadías, cada una con su santo, cada una con su fiesta, con sus diseños de terror, cada una con su calle, con su encuentro de gente, cada semana todos a la espera del domingo y de la salvación amorfa como sus santos. Y recurro a la preferencia, y mi mente se va, si más, a Coyoacán justo del otro extremo de la ciudad, del extremo total: de la plaza libre, de las calles intactas, de las nieves a probadas chicas a cafés express y con el toque de la espera del disfrute, de los besos furtivos a medio kiosco o en su defecto de soledad el tiempo pasará lento para que tu mirada cautiva se decida por alguna de todas esas bellezas que circundan el contorno entre blues y bailes, y el humo de un buen incienso, si que es la zona preferida, se ve de cerca que es lugar de encuentro para la cultura, para los exploradores de lunas llenas y de soles a medio morir para magníficos poetas plasmadores de poesía de gozo; lo mismo ocurre en la Zona Rosa, con la poesía erótica, bailable, moldeable al disfrute, poetas del desmadre, pero al fin todos juntos son los mejores conjugadores de la belleza; al fin todos.
Aún no distingo que sería mi ciudad, o de cuantas partes esta hecha; caminando es secretos a voces, misterios y fantasía, calles adoquinadas o normales que importa, si solo caminas la historia, historia individual o colectiva, siempre de apreciación, lucha, o simple plática. Aunque la ciudad celebrada también es perspectiva, el aburrimiento se vuelve situación incauta, vacía, quieres bailar ¡baila! Quieres gritar ¡grita!, aún no sé cómo funciona, es tan raro cómo todos te ponen atención y a la vez no le importas a nadie, jamás escuchas la crítica de loco, aunque loco es una bonita palabra amable quizá, pero no,no la oyes solo la imagen se queda en cada pensamiento.
Cuantos museos te circundan ciudad eres una pasarela llena de diversas formas y creaciones, pase lo que pase, solo vemos, aquí no se toca, y así es como todo se queda y se despide a su tiempo, y tantos otros lugares que poco a poco irán llegando a mi mente, todos visitados por su magia, por su ilusión; y ahí estás y te plasmas y te quedas en forma de un recuerdo abstracto y sin la complicación de volver a aparecer, y la conciencia nos abraza en la pasarela del museo: niños de la calle, vagabundos y tiranos que atraviesan la ciudad, como si no notarán los autos último modelo, a la gente elegante y a tantos extranjeros paseantes como si en sus cámaras digitales pudieran llevarse con las fotos la esencia de este mi pueblo, no sería la primera vez; o las marchas de tantas protestas calladas que estallan al unísono para exigirle ala ineptitud gobernante.
Todo siempre tan común, tan necesario, tan irrevocablemente costumbrista; todos pasan y yo me quedo, como queriendo saber cuál es su rumbo en realidad, yo solo miro y exorcizo mis malos pensamientos, para robarle inspiración a la gente inconsciente de que es observada y de que alguien a la distancia lo ve diferente y le dice loco, pero solo en mi pensamiento, aunque es una bonita etiqueta. Y así todos canalizan su rumbo, y yo me quedo, fumo y vuelvo a alzar la mirada.

1 Comments:

Blogger Fernando Marez said...

Quizás no seamos heroes, pero aún seguimos vivos.

12:30 a.m.  

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