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viernes, mayo 08, 2009

Secretos


Dichosa la tarde y el momento más afortunado; entre el frío y el bullicio era difícil clavar la atención en toda la gente, uno se procuraba por taparse, abrigarse y tomar lo que te dieran para ocultar la temblorina, que más da. De pronto sentí su mirada clavada sobre este pobre poeta de mercado, su mirada precisa, firme, sin el temor a equivocarse, sabedora de sus deseos; yo tímido, pero no disperso;¡por fin! En ese momento, osado a expresar la misma seguridad que sus ojos me brindaban, decidí arremeter sobre su basada precisión, y ahí está, la contemple de pies a cabeza, no sé, creo mas bien me quede suspendido en sus pechos, bueno al menos logre ponerla nerviosa. Era exacta y nada perfecta, exacta para lo que yo busco, y pero, nada perfecta, se rompería el efecto, seductor encanto. Morena como la noche, y dos alumbrantes ojos, igualitos a las estrellas, perfecto para mi juego de memorama, que aun circunda mi memoria, valla el perfecto par; su piel suave y discreta de la edad que la circundaba. Por un momento no supimos que hacer, nos miramos, nos miramos y solo nos miramos, ambos sabíamos algo más, pero laspalabras no fueron necesarias, todo perfecto, por fin el chico se volvía a enamorar y ella dispuesta a volver a equivocarse.

Pero no, las cosas no pueden ser tan hermosas, la vida entonces perdería sabor y la tristeza estaría decadente; habría preferido no conocerla nunca, solo para omitir secretos en esta nota; pero independientemente habría querido que todo hubiera sido di frente, que su charla no me agradara tanto, que su risa no se filtrara en mi imaginación ansiosa, ni que su olor me hiciera presa de mis más bajas pasiones y que su cuerpo no estuviera tan inmensamente cerca, no, no podía ser tan exacta.

Esa noche decidí huir privándome la tentación, y sabiendas de que quizá no volvería a disfrutar tanto una compañía; huí como un niño huye del tan temible monstruo del closet y me refugie en las cobijas del pudor y de las ganas; huí tanto que todo el camino regreso a la rutina, a casa, la extrañeza llevaba su imagen, sus manos suaves, y los pies perfectos que se habían deslizado una noche antes al vaivén de las estrellas con los mejores ritmos cómplices de sus caderas. No quiero extrañarla tanto, es imposible, no puedo, aun me pregunto porqué me persigue mi propia enfermedad; basta ya no más y saber tan solo que es prohibida, su nombre su procedencia y todo lo que la circunda, es irreal en ocasiones la hipócrita moral.
No tengo que decir su nombre, no es necesario, sé que ella me buscara, aunque todo sea irreal; creo que nos necesitamos. Estùpidos secretos, estùpida moral, estùpidas ganas impacientes, como siempre.

Y a fin de cuentas enamorados de nuestros miedos y presas de nuestra tan inestable forma de amar.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

HOLA, IVAN SABES ESTE POEMA ME GUSTO MUCHO, GRACIAS POR SER MI AMIGO, TU SABES... QUIEN SOY,ESPERO QUE PRONTO SUBAS EL MIO, PORQUE ME MUERO DE GANAS DE LEERLO...

7:01 p.m.  

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