Vigilia buscando fundamento.
En el insomnio
más cargado llega todo: inspiración, ganas, deseo, locuras, pensamientos
entrelazados, pensamientos destazados y alejados, guijarros en la cabeza,
barrancos oscuros, ansias de nada, vueltas en la cama, mucha hambre y luego la nada otra vez.
Sales de la
habitación y te descubres en la vigilia de un pueblo dormido, apagado, mudo,
casi fantasma, sino fuera por los perros y el viento que eriza los árboles;
buscando tu contraparte, o un compañero lunar, te arrojas a la oscuridad más
profunda de la noche. Cuando vuelves en sí, ya estás mirando tu reflejo en el
charco con agua a las orillas de un río a más de 3 kilómetros de casa. - Es un
reflejo –piensas - sigo solo- alguna
sombra, la que sea, está detrás de ti, -quizá no es humana –piensas; quizás es
el resquicio de tu ser, quizá como dicen los viejos es un alma en pena, quizá. Por
un momento, por un instante tu lógica es más grande que la razón, te vuelves
científico y resuelves a tu cabeza insensata, pero en el más negro rincón de tu
alma anhelas estar completamente solo otra vez. Solos, tú y tu insomnio
reprochable.
Avasallante insomnio
derrotas al onírico delirio,
mal formas hombres,
los transmutas en vampiros.
Creador insomnio,
forjas artistas,
mueves la
pluma, abres el lienzo,
cincelas
bloques marmoleados,
armas
arcilla, desnudas cuerpos.
Vagabundo insomnio
arrojas al
impasible en caminata lunar
ahí lo ves
andar por los senderos desiertos.
Insomnio,
grande insomnio,
tan selecto
de tus virtudes,
tan cómplice
de la conciencia,
tan amigo
del café.
Tan siempre
pendiente de los enamorados, de los amantes,
de los
dejados… de los suicidas acobardados.
Fúnebre insomnio
en horas de muertos,
de ruidos,
de sombras,
de piratas
en el puerto.





